terça-feira, 9 de setembro de 2014

RICARDO LLOPESA | La palabra en llamas de Floriano Martins



Hay una poesía de antes del Modernismo, exclusiva de la tradición española, y otra de después, de origen latinoamericano, mezcla, fusión de raza y, por tanto, de lengua. En su mejor expresión, el modernismo fue progreso, no ruptura. Pero lo que pudo ser contribución fue tomado en España por segregación. Pese a la opinión, esa segregación, que para muchos llegó a la desfachatez, siguió adelante con Rubén Darío a la cabeza. Juan Ramón Jiménez denominó al siglo XX el siglo del Modernismo. Y cien años después, en los albores del siglo XXI, la poesía en lengua castellana discurre por dos caminos que se bifurcan, diferentes en forma y fondo. La española mira todavía con respeto su pasado, y la latinoamericana busca en la palabra el ritmo y la imagen.
Después de Rubén Darío la poesía es otra. Fue el fundador. Luego vinieron Lugones con su poesía prosaica; Huidobro con su vuelo de cóndor, y desde entonces la poesía, la buena, busca en la palabra el punto de apoyo, para seguir escribiendo el libro anterior, que es el siguiente.
En este punto, Floriano Martins (Fortaleza, 1957), intelectual de muchas facetas, pero principalmente poeta, es uno de los continuadores de esa búsqueda que plantea nuevas perspectivas y persigue fines de identidad con el pasado. Su libro Teatro imposible (Caracas, Fundación Editorial el Perro y la Rana, 2007, 208 págs.) puede servirnos de ejemplo. Estamos ante la poesía de un poeta que maneja la palabra con precisión, en busca del verso que comunique imagen y ritmo ─condición imprescindible de la poesía─, creando un estilo prosaico, fusión entre poesía y prosa, la gran conquista de la literatura francesa, que desde el modernismo ha encontrado destacados cultivadores en América.
El prosaísmo en la poesía, tanto como la prosa rítmica, han sido mal vistos en la tradición clásica española, que perdura hasta nuestros días. No es una actitud reciente. Recuerdo que el célebre autor de Los trofeos, el cubano afincado en París que escribió en francés, José María Heredia, fue tachado de prosaico en una crítica de Cánovas del Castillo, publicada en Madrid, en 1853.
Esta prosa elegante y sugerente, que suena a otra cosa porque no es prosa ni es poesía, la definió el poeta nicaragüense, Pablo Antonio Cuadra, en su sentido universal con el nombre de “prosema”, porque sin ser prosa ni poesía es algo diferente que suena a género nuevo.
Teatro imposible viene precedido de una “Aclaratoria” imprescindible para guiar al lector a través de la lectura. Floriano Martins parte de dos citas de García Lorca, que están en la base de su estética: “El público no debe atravesar las sedas y los cartones que el poeta levanta en su dormitorio…” (Extracto de Lorca) “Es una cuestión de forma, de máscara”. García Lorca supo mirar con ojos diferentes la realidad poética y teatral de su país. De hecho, su renovación del romance la llevó a cabo bajo esta convicción.
Los colonos ingleses en Norteamérica inauguran con Walt Whitman otra mirada y otro estilo que identifica su personalidad, distinta de la tradición inglesa. Es el origen del verso libre. América latina también tiene que conquistar con plenitud su identidad apartándose del discurso lógico impuesto por la colonización.
El libro se divide en tres partes, que el poeta llama “panel”, donde “lo poético se enlaza al enredo escénico”, repitiendo sus palabras. El primer panel, “Campos quemados”, se subdivide en tres apartados o “tríptico”, que son tres propuestas de estilo. La primera, consta de 13 prosemas; la segunda, de 33 poemas, y la tercera, combina poemas y prosemas, hasta un número de 21 textos. La elección no es casual, sino cabalístico, como la estructura y el montaje del texto y la obra. La palabra desempeña un papel importante en el contexto del sintagma, para ofrecer un texto limpio y coherente. Por su parte, la frase es resultado de la depurada elaboración. De hecho, Teatro imposible responde a una exhaustiva corrección de libros anteriores, llevados al rigor y exigencia de una mirada acorde con la experiencia y madurez del poeta. En verdad, “Campos quemados” es un panel lúdico que invita a la felicidad, pero al mismo tiempo conduce a la soledad. Es el sufrimiento que produce el gozo. El poeta escribe: “Tengo miedo de este juego que anuncia la noche como una náusea infinita” (primer apartado), “porque detrás de infinitas puertas, todas las cosas / cantan” (segundo). Sin embargo: “Sus cuerpos son restos de sombras” (tercero). La mirada responde a la fugacidad del amor. Más que al amor, a la fusión de los cuerpos.
“Estudios para un amor loco”, segunda sección del libro, ofrece la estructura anterior, pero con registro diferente. Predomina la poesía. El verso se convierte en más largo y el contenido más denso, a excepción del primer poema que puede servir de ejemplo para comprender el mensaje implícito y la veladura del texto. Pertenece a la sección “Extravío de noches”, cuyos tres primeros versos se repiten a lo largo de la sección, a manera de leitmotiv, como variante del discurso:

Medito sobre tu cuerpo
mientras se extingue
una única vela encendida.
Medito con Píndaro: “Sueño
de una sombra el hombre”.
Vestigios de mi cuerpo
dentro del tuyo: ballet
de sombras imposibles
que se confunden en escenas
y se penetran mutuamente.

Las imágenes se producen verso a verso con el brillo de luz propia, al punto de parecer un escenario donde cabe la imaginación del deseo. La palabra se convierte en fenómeno verbal y simbólico de una realidad aparente, donde está presente el poder léxico del mejor surrealismo, que trae a la memoria del lector un cúmulo de imágenes en movimiento. Una cualidad a destacar es la línea en movimiento de la poesía moderna. La reivindicación de Floriano Martins va por el camino más difícil de la poesía, mediante la construcción de metáforas nuevas descritas con las palabras de siempre, teniendo cuidado en no caer en lo rutinario, el vicio de lo manido y repetido. Es uno de los grandes aciertos del libro.
Pero el libro es un laberinto de caminos que se continúan hasta cerrar el círculo. El segundo apartado lleva un título largo que anticipa el contenido: “Los tormentos miserables del lenguaje y las seducciones del infierno en los instantes trágicos del amor de Barbas y Lozna”, donde el poeta se vale del artificio del monólogo, el diálogo y la escenificación para llevar el texto a otra dimensión, que es la complicidad de generar otra texto, mestizo o criollo, por antonomasia. Es el apartado más extenso del libro y encierra toda una posibilidad aleatoria de la escritura. Una poética.
Los poemas, con su variante los prosemas, configuran el tercer apartado, “Dos mentiras”, producen el efecto de espejos que se miran y la imagen queda distorsionada como en estos versos finales: “Dedicarme / a estas memorias, hace que me identifique con / rostros iluminados por una imagen que se repite: / nada sé de mí: no recuerdo con certeza lo que fui”.
Por fin, el lector llega al tercer panel y último, “Teatro imposible”, que da título al libro, inédito y dividido en tres apartados.. El primero, es un único poema sobre el mañana. La confirmación del desencanto y el olvido, que ilustra una cita de Malcolm de Chazal: “El esqueleto del viento / es la vida toda”, que el poeta titula, “La noche impresa en tu piel”.
El segundo, bajo el epígrafe de “Autobiografía de un truco”, desarrolla ampliamente la cita de Doug Moench: “Esta es la muerte. Pero, ¿desde cuándo la vivo?” Predominan los prosemas y el verso gana en intensidad, haciéndose más largo y más prosaico. La separación se convierte en “cenizas para un destierro de la memoria” y el poeta se pregunta: “¿La lujuria de la escritura reside en su falsificación?” Acto seguido responde: “La memoria es una notable instructora de falsarios”. Una exposición tan cruel como evidente, que confirma la existencia, pues “La realidad no tiene la menor idea del papel que / desempeña en nuestras vidas”.
El  tercer apartado, “Escenas tomadas de un teatro imposible”, lo integran nueve textos en prosa. Nos damos cuenta que el poeta se aleja de la pasión amorosa y entra en los predios existenciales y literarios, valiéndose de la técnica del efecto de los espejos reflectantes, como en una ópera de lo absurdo, que es el caos de la propia realidad.
“Cae el telón” es la coda final, en el más alto nivel literario que cierra la obra. Digo obra, no libro, porque al llegar aquí el lector se percata que está frente a una verdadera obra, una obra artística por su unidad y construcción.  Al cerrar el libro queda en el pensamiento el concierto de una sinfonía de voces, palabras, ideas, formas y escenas, el recuerdo de los cuerpos que cambian de registro, adentrándose en la conciencia y cuestionando el arte dentro de un maremagnum organizado, que es el caos organizado de la vida.
La escritura es como una serpiente, cuyo cuerpo se retuerce y enrosca en su pose elegante, que es el estilo. Libros de poesía los hay y muchos, todos los días aparecen nuevos títulos, pero Teatro imposible es de aquellos que por su magia hacen honor a las letras, por la calidad del texto, el dominio de estilo y la coherencia del lenguaje.

[2007]




JUAN CALZADILLA | A quien pueda interesar



No se podría hacer justicia a la obra literaria de Floriano Martins sin remitirnos a la diversidad de facetas que en ella apuntan, por un lado, a la labor de uno los traductores de poesía hispanoamericana más versátiles y solventes con que cuenta hoy la literatura brasilera y, por otro, al trabajo lúcido del estudioso atento y pertinaz que, paralelamente a su labor de traductor, se ha ocupado de elaborar un corpus crítico orgánico y comparado en torno a las poéticas de la modernidad en Latinoamérica y especialmente de las vanguardias.
El libro Escritura conquistada, publicado en 1998, añade a la preocupación de Martins por divulgar en lengua portuguesa el pensamiento vivo de los poetas hispanomericanos de cuya obra se ha venido ocupando, una vertiente de comunicador sin la cual no se explica el hecho de que él se haya convertido en referencia obligada para las conexiones de las literaturas en ambos idiomas, tanto en el Brasil como en el resto de hispanoamérica, sin contar los ensayos que el mismo Martins ha venido haciendo para verter su propia obra al castellano. Consecuente con este proyecto activo, Martins mantiene a través de su labor periodística en Fortaleza, y por Internet, un espacio de comunicación que por momentos luce como vehículo eficaz para contribuir a vencer las barreras que aún condenan a las literaturas del Brasil y los países de habla española en Suramérica a un inexplicable divorcio.
A la par de esto, no podemos hacer abstracción del ámbito propio que la obra poética de Martins ha ganado en el Brasil, como una de las más conspicuas voces de la nueva lírica. Nacida al calor de un registro combativo que continúa una tradición surrealista que en Brasil se remonta a la década de los sesenta, la obra poética de Floriano Martins está reunida en Alma en chamas (1998), libro sustancioso y consistente, cuyo rigor y amplio espectro temático es resultado de la alta exigencia con que el autor se ha armado de un estilo personal, de un discurso que libra al poema de todo lo que lo priva de levedad y que quizás por ello, se presta a entregarnos, con gran sentido de lo contemporáneo y espíritu revelador, a una paradójica y casi siempre trágica interpelación de los abismos de nuestro tiempo.

[1999]




JOSÉ ÁNGEL LEYVA | Nómina de perplejos



La vida de Floriano transcurre en la red. Como auténtico hombre araña diseña y teje su comunicación con el mundo, sobre todo con el de habla portuguesa e hispana. En su laboratorio doméstico, en Fortaleza, Ceará, en el barrio de Aldeota (global por supuesto), allá en el nordeste brasileño, urde a toda prisa un complejo entramado de contactos y proyectos literarios y culturales que no cesan, que transcurren celosamente cada mes en la revista electrónica Agulha y en Banda Hispánica. La correspondencia casi automatizada con cientos o miles de interlocutores se alterna con la elaboración de antologías, traducciones, entrevistas y una ardua labor editorial, pero sobre todo con el misterio, con la incredulidad de quienes lo conocemos, de la creación literaria. La efervescencia productiva del poeta es proporcional a su capacidad reflexiva y a su amorosa voluntad de búsqueda, de diálogo con el otro: amigos entrañables, desconocidos íntimos, él mismo. Insaciable, semeja un náufrago que navega con aparente certeza en los océanos cibernéticos, pero sin ocultar esa evidencia de todo alucinado, de todo sujeto extrañado de sí mismo, sediento de ser y estar al mismo tiempo en el lugar del deseo, el propio y el ajeno.
Descubro con sorpresa, cada vez más desbordada, que Floriano es tan conocido que, antes de aludir a su persona, mucha gente se refiere a él como un producto de moda. Lo extraño es que lleva años de novedad. Por lo mismo, es innecesario abundar sobre el personaje. Me referiré entonces sólo a Tres estudios para un amor loco -que por lo demás no requiere presentación, se pinta solo- puesto ahora en circulación por Alforja entre los lectores mexicanos y de idioma español. En este volumen, Floriano deja constancia de su espíritu de gambusino posmoderno en las profundas galerías que nos heredaron las vanguardias literarias y artísticas del siglo XX, en particular del surrealismo y su impronta en América Latina. El poeta, además de fiel seguidor del movimiento que germinó en la mente y en la acción de aquellos dos estudiantes de medicina, André Bretón y Louis Aragón -y que se diseminó por el planeta-, es un estudioso exhaustivo del fenómeno, un convencido de su vigencia. Pero su poesía no es precisamente surrealista, si bien acusa un tono retórico y ciertas técnicas emparentadas con la Mesa parlante, es, y no me cabe duda sobre ello, una obra floriana. Producto de su mentalidad trasgresora y anhelante, inconforme y voraz, fagocitaria y polinizante a la vez.
La poesía floriana (por colocarle un distintivo, que no etiqueta) es un hervor visual en territorios de la palabra. El juego fosforescente, luminoso de sus versos provoca efectos múltiples en el espectador-lector. Con habilidad de saltimbanqui o domador obliga a las imágenes a realizar acrobacias conceptuales y emotivas. Las dota de sensualidad, las sujeta a la gravedad de los cuerpos para evitar que se desvanezcan en el aire, en la incontinencia o automatismo verbal. El autor hace juegos, malabarismos en espejos simbólicos donde se advierte la tradición -de la vanguardia-, sus significados.
En ese contexto lúdico y escénico, Floriano dicta las palabras llave para hacer figurar lo insólito sobre la hebra de lo lógico. Nos persuade de un equilibrio convulsivo entre los significantes y las imágenes que transitan, ante un público expectante, con sus barras transversales, con sus sentencias al hombro: “Construya o destruya, todo en el hombre se define por su palabra. Concibe a Dios y se pone por sobre él, porque así está escrito.”
La intertextualidad corresponde a la vocación plástica del poeta, el collage. En cada línea, en cada estrofa, entre poema y poema, importa de otras voces, de otros textos, de otros tiempos, expresiones y escrituras que ensambla con destreza en su propio discurso; el material es el mismo, es él mismo. El autor libera su exuberancia sin rendir tributo al folclore natal, pero sí revela la fuente: el mestizaje cultural y genético en el que es producto y caldo de cultivo. Mixtura es suma, combinación, posibilidad. De Brasil y de Floriano puede decirse irresponsablemente, snob mente, que es un surrealista natural, como lo hizo Bretón al afirmar que México era un país surrealista por definición. El autor respondería que esa condición es un “trapecio amueblado por el deseo”. En cada ensamble, el autor se descubre en el otro, se confirma a sí mismo al tiempo que se borra y se inaugura. No es ilusionismo, es la manipulación de una pluralidad de opciones que se fecundan con las de otros, que buscan, como lo escribe en un poema: “Algo que se anuncie con aquel estupor del aire del que hablaba René Char”.
En los poemas florianos se suceden los nombres, las presencias ausentes o mentales de quienes conversan con su ritmo frenético y centrífugo, apacible y centrípeto. Nómina de perplejos y de incrédulos que toman la palabra en un silencio escalofriante, en el principio del espanto. Son los alter ego del poeta, los detonantes de un balbuceo que se vuelve río de saliva, de labios, de lenguas sin límites, de amorosos alfabetos como los que intercambian Lozna y Barbus en su noción del reflejo, en su vehemencia sexual y existencial, pasional, en su lucha por no perderse en el desgaste de las palabras, en su necesidad de decir algo más que la tautología de la muerte. Escuchar nombres más allá de los nuestros, de nuestros personajes, obliga a observar y a pensar la tragedia y el sueño desde otras perspectivas, con significados más próximos a la pregunta que al silogismo. Entre el nacer y el morir, puerta de entrada y de salida sin excepciones, hay un largo camino donde reina el azar y “una constelación de sobresaltos”, de silencios donde conversamos con los muertos y debatimos con los vivos.
El panteón floriano está habitado por lecturas y ecos de diálogos físicos y virtuales. Lozna y Barbus los dejan sentir en su exuberante discurso donde advierten que el paraíso perdido es quizás el infierno que vivimos. Juarroz, Lihn, Borges, Ghèrasim Luca, Gómez-Correa, Carl Sandburg, Lowry, Eduard Dorn, Horacio, Artaud, Günter Kunert, Hölderlin, José Ángel Valente, Piva, Murilo Mendes, Lucia Dalla, Pavese, Gonzalo Rojas, entre muchos más, asisten al Banquete, al festín de luces y fuegos de sombras y tinieblas que celebran la palabra.
Eros y Tánatos se ayuntan para darle vida, sentido al acto de respirar sabiendo que hay un fin determinado, que la tragedia está inscrita en el medio, en el centro del deseo, de su ignorancia. La alquimia, la magia, el furor de la verdad amasan la materia con que Floriano invoca el amor para nombrar la poesía, para sacarle más tiras a lo que parece inexistente, a lo que la opinión crítica supone en estado de caducidad. El origen está en la multitud, en la identificación de cada individuo y su lenguaje, en su historia personal hecha de fragmentos por venir, hecha de memoria onírica, de recuerdos arquetípicos. La soledad es extravío, el poeta se descubre en las urbes como estadio de voces diferenciadas, exclusivas. Más que surrealismo, a ratos se antoja la empatía con poéticas y mitos de otras vanguardias, como el estridentismo de Arqueles Vela en La Señorita Etcétera y el Café de nadie, o la prosa de Germán Lizt Arzubide, aunque no estén en las referencias de Floriano. Pero son ámbitos donde lo multánime de los estridentistas se identifica con la lucidez barroca de la unicidad floriana, de su soledad telepática y simultánea en la era de la Internet.
Por último, en la tercera parte que compone este libro, la poesía floriana se trasviste o se desdobla y habla desde la feminidad con la misma intensidad que imprime la voz masculina. Una vez más, el amor reitera su lugar en la existencia, en la voluntad de entrega, de dejarse preñar hasta la muerte, hasta el último suspiro del amante. La trasgresión está en cada acto amoroso, en cada pregunta sobre los límites de lo convencional. El despertar de la protagonista, es como dice Pessoa en alguno de sus versos, es no sólo olvidar sino confundir la vida con funciones de cine, no saber si fue un sueño o el fin de una realidad. Floriano Martins esgrime, inteligente y franco, la posesión como hecho generador del poema. El autor, su anécdota -su papel de personaje- queda fuera en el momento en que se descubre aislado, independiente, de la suerte que corren las criaturas y sus fantasmas, cuando ellas encaran su destino, su voluntad de hacerse visibles en la mirada loca del amor, en el escenario del crimen de aquello que impide ser amado.

[2006]

[Prólogo del libro Tres estudios para un amor loco, de Floriano Martins. México: Alforja, 2006.]




MARIA DA PAZ RIBEIRO DANTAS | Estudos de Pele, de Floriano Martins



No título Estudos de Pele, o último livro de Floriano Martins, a palavra pele parece sugerir uma pista falsa. Entrar no texto é praticar Um rasgo bem dentro do abismo, onde o coração dispara e ninguém pode conter a presença do indizível. Trata-se de adentrar um labirinto com passagens em múltiplas direções. O roteiro conduz a um descentramento e este se dá em face de um referencial: o conceito de identidade. Num capítulo da Parte III - O hóspede -, que mescla prosa e poesia, é discutida a questão da identidade, na arte ou fora dela. O mesmo em face do mutável. Desde a Parte I, o texto dá espaço às suas visitas perversas (algumas personagens bíblicas mulheres (em Paródia do cadafalso) e várias outras como em Um livro de Ângela, são apenas dois exemplos. A inesperada visita dessas sombras perturbadas não me leva a pensar senão em uma coisa: temos que aprender a ter mil vidas a um só tempo. O que parece faltar às vezes a essas “sombras” (no caso das bíblicas) é a leveza de ser outra coisa, sem a carga de ressentimento que as liga umbilicalmente a seus contrários. Como em Silentes Suplícios (Marta).
A obra é dividida em nove partes: I – Paródia do cadafalso, II – Sombras raptadas, II – Crime & Fuga, III – Rastros de um caracol, IV – Dores de nada, V – Dália do coração negro, VI – Lusbet: eis o abismo, VII – Um livro de Ângela, VIII – Ruínas exaustas, IX – Modelos vivos.
As labirínticas passagens, as múltiplas direções sugeridas pelo texto de Floriano sinalizam por vezes uma espécie de curto-circuito nos níveis tidos como normais de percepção da realidade cotidiana dentro dos mecanismos em que está estruturada a linguagem da vida em sociedade. É o que ocorre em determinadas situações narradas, como a que temos em O Cão e o Lustre. A cena remete à idéia de demência (uma forma bem próxima da loucura); mas no texto é, nada mais nada menos, que a transcrição, para a realidade objetiva, do flash agônico de uma subjetividade em ruína, a da avó enferma, visitada pelo neto, pela última vez: Lembro que havia um lustre pendendo do teto. A pouca voz me disse que ali estava com ela aquele negro cão, quieto, confiável, suspenso no vazio. Cão ou lustre? Luz ou escuridão?
Mas se na alucinada visão da avó o cão e o lustre são concretamente a mesma coisa, em Plano de Fuga o Anjo Líquido derrama-se na direção do abstrato, do invisível: O anjo derramando-se no copo assustava-me ao dizer o quanto a vida pode ser outra quando não se tem para onde ir dentro de nós. A vida pode ser outra, mas a identidade? O texto persegue a fuga obsessiva do mesmo (que a psicanálise nega), enquanto trai (dúvida ou “ato falho”?) certa inquietude quanto ao ser: E se todas essas sombras não forem apenas uma única sombra, a minha, a provocar-me de inúmeras formas?  Evocaria então um verso de Luís Miguel Nava em que confessa ter a ‘identidade acelerada’.
Inconsciente ou não, o que o texto persegue é a identidade estética. O poema Flagrantes no assoalho (Parte III) expressa um ritual encantatório em que o amor, condenado à morte pela estabilidade do encontro (como se a vida fosse apenas caber em permanência), é convocado à vertigem da busca incessante,

(…)
com deuses assombrosos percorrendo a casa, laminando vertigens para um livro, buscar-te,
buscar-te,
jamais desalentar-se
aguar rios, deixar-se desaguar,
nenhuma lição, apenas o corpo caindo,
a buscar-se: e buscar-te.

Esse ritual encantatório é a própria poesia, perseguida como uma caça onde quer que se esconda, seja no ínfimo ou no grandioso:

(…)
em uma síncope de obsessões, buscar-te, amor,
enquanto o poema te chama e prepara os archotes
que te conduzem por escadarias com línguas voláteis
a seduzir as páginas de teu corpo, sim, teu corpo,
três vezes teu corpo, buscar-te em recâmaras encantadas úmidas invisíveis, um vento sibilante de janelas decifradas pela noite, um coro de trevas, nota contra nota, o bordão entoado pelo acaso (…).

O código desse labirinto pode estar  em Visita de um Lagarto - momento do livro onde uma teia de imagens oníricas se adensa em narrativa cifrada, de sentido subjacente ao texto. Por aí, pele poderia conotar pele de lagarto, em sua adjacência a mimetismo, metamorfose, forma que se muda
Não há no texto um sentido linear a que possamos ter acesso, a não ser precisamente a construção dessa fuga da identidade. Por isso há passagens em que não escolhe entre poesia ou prosa, fica na indefinição, no limiar; deslizante para poder abranger a escuta quase psicanalítica do outro, sempre outro, ao infinito. Daí os recortes nas visões do garoto, coladas nas páginas dos livros e sopradas no ar, diante de inexistentes janelas:

Que forma assumiria tal vestígio em sua vida? As formas significam muito pouco. Poderia seguir recortando-as. Por uma aurícula errante trataria todas as cobras de duas cabeças. Chamaria raio os esfaqueamentos misteriosos que não raro eram comentados em casa E daria pernas ou asas ao pescoçudo gramofone da avó. As formas não lhe bastavam. Um novo personagem lhe despertara para tanto. Arrastava-se brincalhão sobre seu corpo. Não lhe eram mais enfadonhos os sonhos, embora seguissem silenciosos e em repisado repertório. Tudo permanecia o mesmo, mas ganhava em significado.
O instinto natural de subversão nos leva a ouvir o outro, a contraí-lo enquanto perversão essencial à sua própria existência (Floriano Martins na apresentação do seu Alma em Chamas. 1998).

Um Livro de Ângela é momento diverso, em que a narrativa se aclara, torna-se quase linear em seu jorro de imagens urgentes, como a captar o ritmo frenético do instante que passa, através de uma daquelas mil vidas.

(…)
Ângela me oferta a caligrafia de suas vertigens,
encrespa-me enquanto perdura,
é apenas um instante,
e quando lhe abrimos as vísceras não há semântica que nos leve além do instante.
transfigurado ressurrecto melancólico derruído,
porém aquecido pela mesma complexidade:
a dor do instante.

Enquanto metatexto, pratica uma auto-incisão e cria sua própria imagem (narcísica):

                       6.
Escrever assim em quebradiço
Dando a falsa idéia de ser nada
Pender para um ponto ou outro
Mudando de forma ou de olhar
Pingando uma imagem ou duas
Tornando o tolo em santa realeza
Glossário de idéias mal defendidas
Crendo que dure a geometria…
Nem todo um livro de Ângela
Recolhe essa anatomia desfigurada do desejo.
Há algo que lhe escapa
Como se pensássemos na evolução de um mesmo dilema:
Somente a impostura garante o sucesso?
(…)

Estudos de Pele. Um livro original na medida em que pratica um exercício de semântica, trabalhando com materiais provenientes, ou ao menos familiares, ao universo explorado pela psicanálise.

[2005]




JORGE RODRÍGUEZ PADRÓN | Carta de recomendación



Mi imaginario del Brasil se repite en blanco y negro cinematográfico: solitarios sertões y angulosos rostros de cangaceiro, mirando con ojos inexcrutables… Imagen demasiado tópica, tal vez; pero es la que ahora regresa, en este rostro inquietante pero de noble cordialidad al mismo tiempo, de un escritor nacido en el más septentrional de los paralelos de aquela vasto territorio: Floriano Martins (1957), recluido en su Fortaleza (Edo. de Ceará), pero disgregado por todos los vientos y lenguas que configuran esa otra imagen de vigoroso y desbordado mestizaje con que Brasil me regala, a través de aquella visión del mito órfico, en medio de oleadas de ritmo y violencia escondida, de nuevo con el cine. Si Guimarães Rosa, también Jorge Amado. Sobre mi mesa, tres, cuatro libros de este joven pero maduro escritor indesmayable, invencible, a quien me complazco en recomendar. Nunca acota el territorio de su obra; con derrochadora generosidad nos lo abre y regala a todos, para que convivamos con su entusiasmo: un banquete intelectual imposible de saborear si no es abandonándonos a la fuerza explosiva de los sentidos: fecundidad imparable; más que entusiasmo, una pasión de verdad lúcida.
Por la poesía, ante todo. Y, a través de ella, por el bullir de la palabra y su prodigiosa disgregación de sentidos. Pasión, luego, y no menor, por despejar interrogantes y abatir muros de recelo y torpe incomprensión que dificultan nuestro reconocimiento en la manquedad atlántica que nos prolonga en un doble viaje (encuentro, aceptación) tenazmente negado (o desfigurado) más que por las débiles convenciones políticas, con sus censurables componendas, por el recelo del poder literario o cultural, mucho más intransigente por el primero, parapetado trras un discurso cínico: su máscara más mentirosa. La mentira no figura ni en el código estético ni en el equipaje ético que sostienen la escritura desprendida y generosa de Floriano Martins. Digo, en su poesía, Alma em Chamas, como titula su obra reunida. ¿Alma suya, o más bien de la palabra que brinda ese aliento único, fervoroso? Nada de presunción narcisista, “diálogo com o mundo […] fecundo em sua multiplicidade”. Nada de enajenación y aislamiento (esa torpieza), reclamo de, y convivencia con, diversidades y diferencias, sean en la escritura, en la música, en la pintura: un palimpsesto por el que se persigue, a tientas, como en un bosque enmarañado, un sentido para la palabra que lo es, por ello, para la vida.
Y como en su poesía, en el oficio agudo de lector. Como hiciera Borges, Martins nunca se declara buen escritor, “pero un buen lector sí, lo cual es más importante”: ha recorrido de norte a sur el complejo mapa de la poesía iberoamericana, inquiriendo por sus más intrincadas razones (ejemplar, su Escritura Conquistada, diálogo suculento, otro banquete, con poetas de las dos tradiciones); se ha acercado, incluso, a nuestras pequeñas islas atlánticas de acá, leyendo con atención y amor y respeto a Agustín Espinosa, a Alonso Quesada, pero también a Luis Feria, a Manuel Padorno, a Lázaro Santa, a Eugenio Padorno o Andrés Sánchez Robayna. Lo tengo por uno de los nuestros; tanta clarividencia há puesto en ese ejercicio, no en vano se sabe habitante de ese triángulo de espejos en donde nos reconocemos multiplicados. Hace muy poco, ha traducido – con soltura y delicadeza notables – una selección de poemas amorosos de García Lorca…
Pero también se vuelve sobre lo que le es más próximo: en su lectura de la poesía brasileña, acierta con el diagnóstico al resistirse a la convencional ordenación y a sus tópicos referentes (Oswald de Andrade, Carlos Drummond, João Cabral…), para decirnos que allí también son voces dignas de recordación José Alcides Pinto, José Santiago Naud, Ivan Junqueira, Uílcon Pereira, Sérgio Campos…; no disimula su malestar ante el cómodo mimetismo de un decir general que allí, también, parece extenderse como plétora: ¿“Terá a cópia da cópia cem anos de perdão?”, se pregunta com no disimulada ironía; la misma con que invierte el título paciano (La búsqueda del comienzo) para aproximarse al surrealismo latinoamericano, en unos breves pero muy sustanciosos ensayos: Escrituras Surrealistas. O Começo da Busca. Homenaje, pero no ditirambo. Lectura seria de Enrique Molina o del grupo chileno Mandrágora, de Moro o Westphalen, de Sánchez Peláez o Ludwig Zeller o Raúl Henao, de la subversiva escritura de los venezolanos que habitaron bajo El techo de la ballena o dibujaron El perfil y la noche… El otro rostro, menos expuesto y celebrado, del surrealismo americano que no parte – como bien dice – de una derrota como en Europa, sino de “uma exacerbada fé em seu próprio destino”. Nihilismo, aquél; éste, prosperidad.
Imparable Floriano Martins, lleno de innumerables proyectos; entrañable Floriano Martins: nos honra con su amistad, sin habernos visto jamás; y sin que el interés medie en la relación, exagera – excesivo siempre – la fe que pone en nuestra propia aventura crítica. Recomendable Floriano Martins: su apuesta no es por el éxito, sino por el trabajo bien hecho, por una sinceridad sin componendas, aunque ello – las más de la veces, en esta feria de vanidades de la literatura – se vuelva en su contra. Su palabra como entrega siempre: una palabra dada. Merece este reconocimiento, y nuestra gratitud.

[1999]




WILSON MARTINS | Continente de poetas



Julgado, em 94, por um poeta (Marcus Accioly) e dois cantores de música popular (Milton Nascimento e Paulinho da Viola), o prêmio Nestlé de poesia revelou o nome de Aníbal Beça dentre 7.038 concorrentes. "Livros de todo o país", escreve Marcus Accioly, "em caixas e caixas, foram lidos e analisados durante meses, até uma possível certeza, uma convicção. O trabalho foi compensado pela alegria do resultado, único e unânime: Suíte para os habitantes da noite."
Em outras palavras, nesses concursos os vencedores são escolhidos por exclusão, diminuindo progressivamente, na proporção das leituras, as exigências dos julgadores. É fenômeno elementar de psicologia, sem falar no tédio e no cansaço. Os poemas premiados, agora incluídos em volume (Banda de asa. Rio: Sete Letras, 1998), buscavam sugestões ou assimilações gratuitas no vocabulário musical, aplicado de maneira arbitrária e, muitas vezes, com intenções humorísticas: "Chorinho para bandolim, cavaquinho, flautas e violões", ou "Carimbó para gambás, tambor de onça e clarineta", e assim por diante.
Um comentarista dessa poesia afirma que, "em cada verso, em cada imagem, encontra-se uma intensa catexia objetal", do que não duvido, embora prefira os poemas inspirados pela cidade de Manaus. O tropismo surrealista de Aníbal Beça estimula os impulsos analíticos da crítica. O "Poema cíclico", por exemplo, "trava a batalha com o clássico e o moderno", em versos destacados por Paulo Graça: "dos meus olhos saltam/ dois pássaros ariscos/ prontos a deflorar begônias/ em setembro". Ou ainda: "A trave dos meus olhos é pólen de crisântemos: farpas cronológicas". Esse surrealismo tardio, que poderíamos imaginar perempto, ainda é praticado em capelas iniciáticas através do continente, sem excluir o Brasil, cujo grupo surrealista foi organizado e é mantido por Sérgio Lima (Escritura conquistada. Diálogos com poetas latino-americanos. Floriano Martins. Fortaleza/Rio/Mogi das Cruzes: Letra & Música Comunicação/ Biblioteca Nacional/ Universidade de Mogi das Cruzes, 1998).
Entre os "latino-americanos", Floriano Martins incluiu vários brasileiros, como Ivan Junqueira e Donizete Galvão, mas a verdade, nas palavras de Sérgio Lima, é que o modelo na América Latina "é insular e não continental, pois trata-se de ‘ilhas culturais’", o que se confirma de forma por assim dizer física e demográfica nas observações do cubano José Kozer, ele próprio judeu de origem ashkenazi, filho de polaco ateu e comunista e filho de uma checa burguesa e de pais judeus ortodoxos: "em Cuba, nunca vi um porto-riquenho ou um dominicano; nunca vi um mexicano ou um equatoriano; nunca vi um uruguaio ou um argentino. Em Nova York, tenho visto até paraguaios (...)".
O advérbio demonstra que a "verdadeira" América Latina situa-se nas duas costas dos EUA... De fato, trata-se de um mito mental e de uma utopia do intelecto, para nada dizer, claro está, dos subentendidos políticos: não são as línguas que separam, não havendo nenhuma identificação orgânica nos países hispânicos entre si, mas a psicologia e a história, além dos variados ressentimentos que se foram acumulando ao longo dos séculos: "É curioso que este continente de países tão diferentes leve um nome como se fosse um só país", escreve Cabrera Infante em páginas de Mea Cuba que valem a pena reler.
Nesse contexto, é possível que a propensão surrealista, respondendo à sua natureza profunda, seja uma técnica subconsciente de superar a realidade pelo imaginário e de compensar o sentimento de inferioridade pelo desafio do hoje desmonetizado "realismo mágico", mais mágico do que realista. Para o que nos interessa, as entrevistas realmente importantes são as dos brasileiros e respectivas visões pessoais a respeito das nossas letras. Assim, o depoimento de Ivan Junqueira, desmistificando alguns tabus e ideias-feitas com que se alimentam os espíritos simples.
Nossa cultura, diz ele, é européia, como, aliás, a de toda a América Latina: as raízes são portuguesas, espanhola, francesas, alemãs, inglesas, e não africanas ou indígenas. Não menos vigorosas são as suas apreciações sobre Oswald de Andrade e o concretismo (mais a invenção de Oswald de Andrade pelos concretistas e derivados), na linha da revisão de valores sintetizada pelo argentino Leônidas Lamborghini: "devemos desmitificar também no que se refere ao fazer poético", ao que o venezuelano Juan Calzadilla retruca, sem saber, com uma dessas verdades elementares que muitos preferem ignorar: "Segundo Montale, não há contribuição importante em poetas que não provenha da prosa. Sem prosa não haveria boa poesia moderna, e menos ainda entre nós, na América Latina, onde se adotou, e espero que definitivamente, o verso livre, e onde são cada vez mais deploráveis os ensaios de restauração da rima e da métrica tradicionais. A vantagem da prosa é que com ela se pode pensar, presta-se como instrumento a serviço do qual a intuição e a reflexão na produção de pensamentos seguem juntas, porém separadas. Na poesia, em troca, a intuição contém ou afoga o impulso reflexivo ou o torna desnecessário, uma vez que se recusa a qualquer explicação".
Aníbal Beça, de seu lado, propõe a teoria poética no plano das efusões líricas: "Que ela seja clássica moderna contemporânea de vanguarda comportada marginal lírica épica que ela seja nada e tudo e nada: varal chuva casa alicerce arcabouço não importa e nem defini-la comporta-se o que reporta é a fatura do e para o homem assim como a porta da rua é a serventia do poema".
Claro, em termos de reflexão crítica isso não significa nada, confundindo na mesma equivalência a forma e a substância, problema levantado por Floriano Martins na entrevista com Juan Calzadilla, vanguardista, ao que parece, acima de qualquer suspeita. Mas, na medida mesmo em que é hermético, metafórico ou arbitrário, o surrealismo é uma poética de conteúdo, ou seja, exatamente o oposto do que se convencionou entender como arte moderna.

[1998]

[O Globo, Rio de Janeiro, 29.08.1998]




LINALDO GUEDES | A ruidosa agonia dos espelhos poéticos



É um livro estranho, sim, este de Floriano Martins, poeta cearense, que chega às minhas mãos. Estudos de Pele, lançado recentemente pela Editora Lamparina, é composto de poemas onde a tônica do estranhamento é uma constante. Para o leitor e, parece, para o próprio poeta. Não é poesia discursiva, inventiva ou clássica. Ao mesmo tempo, é poesia discursiva, inventiva, clássica. Um livro que rasga a pele da poesia de forma aparentemente sutil, mas em alguns momentos com uma volúpia que nos faz refletir nestes tempos de guerrilha, sejam bélicas ou culturais.
Contador Borges é muito feliz na orelha do livro, quando diz que em Estudos de Pele a sensação de vertigem é imediata, de desconforto idem. “O estranhamento desses Estudos de Pele, o chão do poema, em princípio trêmulo, escorregadio como gelo fino, vai aos poucos se firmando aos nossos olhos, fazendo sentido à deriva, desdobrando sua interrogação aberta só respondida com outra indagação adiante, luminosa, atirando o leitor contra a parede, instigando o homem que ele é intranqüilo neste horripilante começo de milênio, mas que aqui se potencializa, à beira do abismo, pensando-se no extremo de si mesmo”, analisa Contador Borges, análise essa que assino embaixo.
O livro todo, como explica o próprio Floriano Martins numa espécie de apresentação à obra, é um constante vaivém entre o corpo humano e o corpo da criação. De um lado, a pele do erotismo, que perpassa cuidadosa e bem construída por todas as páginas do livro. De outro, a pele da palavra, ou da linguagem poética, com resmungos, amuos, questionamentos e tiros certeiros do poeta.
A pele do erotismo surge, sinuosa, logo no primeiro capítulo - “Sombras raptadas” (aliás, a sombra da interrogação parece perseguir o poeta em todos os poemas). Referências femininas diversas surgem imponentes nas páginas, por mais submissas que possam parecer. Com elas, o poeta trava um diálogo-monólogo (acreditem, isso existe, sim, na poesia de Floriano Martins) onde o leitor acaba sendo o principal interlocutor. Lembra temas bíblicos e adapta, com extrema beleza (isso ao lembrar que Camões já o tinha feito) a história de Jacó, com o eu-lírico esperando por sete anos um entendimento “sobre a terra que carrego em meu ventre”. Aliás, esse primeiro capítulo parece um lento e provocante ritual, com o cultivo de orações em busca do gozo prometido pelas diversas personagens femininas presentes.
Em outros capítulos, o ritual erótico é também uma constante. Como no belíssimo poema “Vestes”, do capítulo “Crime e fuga”. Aqui, os panos nus servem de metáfora para o sangramento da pele:

“Os panos como papiros, inscrições invisíveis que ensinam a
       manter quente a cabeça de um deus morto. 
Nus. 
Com a medida do inferno de cada dobra 
do tecido de que somos feitos”.

Mas é o ritual poético que surge, também com muita força, neste mesmo capítulo. Enquanto deixa anotado em algum lugar que não deve se lembrar de mais nada, o poeta vai lembrando coisas, vomitando versos que nos fazem refletir. Alguns desses versos parecem sinopses dos nossos acontecimentos em pleno 2004; “O esplendor de imagens vicia o poeta em uma enganosa metafísica. Tudo nele é forma transparente”, diz Floriano Martins. E não é verdade que estamos ficando tão viciados nesta obsessão pela imagem? Lembro agora, até, um comentário de um poeta tradicional aqui do Nordeste ao receber o elogio de um amigo às imagens presentes em sua poética: “e o meu poema é uma igreja, para ter imagens?”.
Mais na frente, o cearense é incisivo, ferino, autocrítico. Fala que os poetas são vítimas de nada: “A única enfermidade que lhes cabe é a presunçosa arrogância. Injustos, capitais e amargurados, aqui estamos os poetas, todos, tolos. Onde estala a liberdade?”.
Em outro momento, do mesmo poema, não por acaso intitulado “Arlequim”, é deliciosamente irônico: “Risível um poeta falar de ajuste de termostato? Se considerado que hoje mal troca a lâmpada queimada dos próprios versos, sim. Um encontro de poetas? Sempre temo pela ruidosa agonia de espelhos. A terra enferma, o silêncio indecifrável, essas pequenas agonias rumorejantes. Seja como for, melhor que se encontrem, sempre. Assim doemos ao vivo, uns diante dos outros”.
Doemos ao vivo, Floriano, em busca do hóspede certo para a poesia desesperada que teima em nos cutucar. Em fuga dos espelhos que estão sempre a exibir a imagem poética que queremos ver. E nada mais que isso.
“O que faço com o poeta depois de escrito o poema”, indaga Floriano Martins. Diria, que deixá-lo abandonar-se nas mãos do leitor. Ele, o leitor, é que dá o destino merecido a cada poema e a cada poeta. Ele, o leitor, também se dividirá entre encanto e estranhamento com a leitura de Estudos de Pele. Mas não é para isso que os bons livros são feitos?

[2004]